lunes, 10 de junio de 2013

De voluntaria en Camboya


Cuando viajas durante temporadas largas, a veces es positivo quedarse en un sitio estable durante al menos una semana, o dos, o tres. Aparte de por la estabilidad y economizar, también es muy gratificante hacer un voluntariado, apartando a la comunidad local. Decidí hacer un voluntariado en la zona de Koh Kong al sur de Camboya, cerca de la frontera con Tailandia.

Lo encontré a través de la página workaway.info. Esta página está repleta de oportunidades por todos los países del mundo. Sea dando clases de inglés, trabajando en un hotel, siendo guía turística o ayudando en una granja, es una forma barata de viajar y poder conocer de fondo la cultura de un país, puesto que convives con personas locales y es una experiencia auténtica.

La escuela
Como buena española no me suscribí a la página (por no pagar claro), pero buscando las diferentes opciones, encontré a BCDO a través de google y les escribí un email a ellos directamente.
BCDO - la escuela
Se trata de una escuela de inglés en el poblado rural Andong Teuk. Desde 2008 se ha desarrollado bastante la zona gracias a la construcción de varios puentes, haciendo posible que autobuses circulen desde Phnom Penh hasta Kong Kong (antes tenían que cruzar el río en Ferry). El pueblo no es muy grande, y como muchos otros en Camboya, sus habitantes viven gracias a la agricultura y la pesca. Este proyecto, sobre todo educacional, proporciona clases de inglés a los niños del poblado, pero también se centra en cambiar el comportamiento con respecto a la basura, el medioambiente y en el desarrollo del ecoturismo de la zona.

Detalle del pueblo pesquero a la orilla del río
Dormir en el suelo (puntualizo: sin colchón, directamente sobre los tablobes de madera) no ha sido tan duro como me imaginaba, y las risas de los niños y su “hellooooo” cada vez que los veaíamos hizo que el merecieran la pena, hasta incluso los dos días que estuve sin comer, debido a “problemas estomacales”.

Mi cama - una manta en el suelo


Los primeros días estuve observando las clases, la rutina, y puesto que al llegar nadie te explica nada, hay que ver y preguntar.
Me encantaba ayudar en la cocina, viendo el estilo camboyano de cocinar, que parece saludable, casi todo eran verduras, pero me percaté de que Kanya, la cocinera, administradora y la mujé pa tó, usaba cantidades indecentes de azúcar en cada plato.
Kanya en la cocina
Una comida cualquiera
Ayudante de cocina

Cada día se dividía en clases de mañana, tarde y noche. Con horarios de 8-9; 13-14 y 17-18, además de una clase de debate para adolescentes/adultos a las 18:30. 


Estudiantes
Quise involucrarme al máximo, pero nadie te dice lo que tienes que hacer, y finalmente el viernes hablamos entre el grupo de profesores, que ahora veo como amigos, y yo me encargaría de la clase de niños de la 13:00 y de las 17:00. Además, con Mark, un alemán que está viajando por el mundo con su novia Ines (sin tilde, también voluntaria) daríamos el debate con los adolescentes.

Empecé por recordar todas las canciones, juegos y aprendizajes de mi anterior época como profesora de inglés. ¡No me había dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos!

Chu, pocahontas, y yo
El primer sábado decidimos alquilar una barca entre todos y invitamos los niños de la escuela – los adolescentes – a venir con nosotros. Uno de ellos, Sebolas, sería nuestro guía. Nos adentramos en los manglares, en la jungla, con dirección a una catarata. 

Lo que no sabíamos es que había que trepar por la catarata. Los niños que nos acompañaban parecían monos, sin problemas para saltar entre roca resbaladiza y roca puntiaguda a todo correr. Nosotros, los teachers, éramos un poco más lentos, y cuando vimos un sendero a la vera del río decidimos subir por el.


Me sentí dentro de una película de aventura… pero en ¡chanclas! Era necesario ir rápido, puesto que si no, las chupasangres empezaban a pegarse a tu piel sin piedad, pero había que apartar árboles, trepar ramas y mantener el equilibrio a la vez.

Medusas en el río
Después, y una vez en el barco con el nivel de adrenalina en descenso, fuimos río abajo hasta el mar, donde se bañaban miles y miles de medusas, atraídas por el agua cálida. Llegamos a un punto con menos medusas y ala, ¡chapuzón!

Al agua patos
El domingo fue mucho más tranquilo, lecturas, escrituras, y a planificar una semana intensa de trabajo por delante. El momento del día fue la hora del helado, un carrito que anuncia su llegada con la canción del "Gangnam style." 



Niños esperando el helado mirando como bailaba el Gangnam
Detalle del helado
La semana como profesora auténtica (y no como asistente) se pasó volando, y el cariño que coges con los niños y los profesores que también están de voluntariado es brutal. Me sigue sorprendiendo lo que supone un día cuando estás viajando.
Añadir leyenda
Dar clase a niños camboyanos (pequeñitos pequeñitos) es parecido a hacerlo en España: paciencia, energía, disciplina y cariño. Pero, hay ciertas complejidades que pasas por alto, como intentar explicar “ir de compras” con una foto de un supermercado, cuando nadie allí ha estado nunca en un supermercado. Pecata minuta.

También teníamos un grupo de discusión con adolescentes, incluso adultos, por las tardes. La semana la basamos en debatir sobre las mejoras que se podían hacer al pueblo, hacer de guías turísticos de diferentes países de alrededor que no conocían y soñar sobre su futuro. Charlamos mucho más allá de los horarios de clase y a algunos de los estudiantes los tengo en Facebook, pese a vivir en casas bastante humildes, la mayoría tenían un smartphone con conexión a internet... ¿curioso no? 


Habitualmente por las tardes ibamos a un puesto de batidos y charlábamos sobre la vida, el amor, el trabajo… 
Señora de los shakes y su máquina pica hielo
Fue todo un placer encontrarme con gente inteligente y madura con la que poder charlar. Una pareja alemana a la que deseo todo lo mejor en su viaje de vuelta al mundo con reducidísimo presupuesto. Una chica de pueblo holandesa que se dedicará a hacer voluntariado tras voluntariado escribiendo un libro. Y Lauren, una chica inglesa, de las que se emborrachan hasta no poder más en Puerto Banús (lo conocía bien de sobra) pero simpática y buena gente a más no poder. Pese tener a su novio en su casa esperando, quería viajar antes de asentarse aún más. Sin fecha prevista de vuelta.

Todos reunidos

También pasé bastante tiempo en la hamaca, partícipe de la vida como una camboyana más. Pero no todo es relax, y el miércoles por la noche me hice responsable de la cena de cumpleaños de Ellen, la holandesa. Tortilla de patatas al fuego lento, ensalada de tomates aliñados, gambas al pil pil y arroz con leche de coco sin canela fueron los platos estrella que preparé. 

Básicamente era cuestión de ver que ingredientes podía encontrar en el mercado.

Haciendo leche de coco (aquí no se compra en lata)
Arroz con leche y mango
Tortilla de patatas, gambas al pil-pil y tomates aliñados

4 comentarios:

  1. Ay, Maripi, cómo te he echado de menos!!!. Mua

    ResponderEliminar
  2. Y yo a tiiii! Hasta que no comparto las historias con vosotros apenas son realidad!

    ResponderEliminar
  3. Estás preciosa Mer. Me encantan las fotos de este post con las niñas; la historia; lo que transmites en cada párrafo; la energía que nos llega, la alegría, la vitalidad...Sigue enviándonos tanto y tanto, y tú; sigue disfrutando, si cabe; aún más!!Love y besos apretaos (:

    ResponderEliminar